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"Aférrate a tu sentido del humor, lo necesitarás todos los días” (T.E. Lawrence, Lawrence de Arabia)



11.12.17

Los que no vuelven a casa por Navidad. Postales navideñas

Queridos Refugiados, espero que podáis disculpar nuestra indiferencia y nuestra falta de humanidad por gastar nuestro dinero en vallas y otros impedimentos para que no traspaséis nuestras fronteras vivos.
No sabemos qué hacer con vosotros, y tampoco nos importa, que para eso están los hippies de las ONG, para que no parezcamos tan desalmados.
En estas Fiestas entrañables, fingiremos que nos conmueven los niños y les llevaremos juguetes a esos Campos o Campings donde malvivis sin esperanza.

También  mantas,  pues ya sabéis que en Europa en estas fechas hace un frío que pela.
Siento comunicaros que, pese a que los anuncios de turrón insistan en ello,  una vez más no vais a volver a casa por Navidad...

... Oh, blanca Navidad que nos alegra el corazón, ¿no estáis alegres? 
Bah, cantemos, que quien canta su mal espanta...

We wish you a Merry Christmas
We wish you a Merry Christmas
We wish you a Merry Christmas
And a happy New Year...

Los fotomontajes están hechos con imágenes de Internet

28.11.17

Yo era feliz sin pretensiones, hasta que tuve pretensiones de ser feliz

 

 Oh, ¡NOOO, qué ocurrencia! 

Y, dime,  ¿dónde habita ahora tu legendario humor y  esas ideas locas que eras capaz de ejecutar sin temer el qué dirán y, lo mejor, sin que te importara demasiado el resultado final?  
 
Vivir al día, improvisar ante cualquier contratiempo, poner un parche aquí y otro allá hasta que se pueda arreglar… o no.  
 
Cambiar de casa, de lugar, de trabajo, de marido… Cerrar unas puertas y abrir otras sin nostalgia, sin mirar atrás.
Recuerda que tus amigas más conservadoras te auguraban un futuro alrededor de un cartón en la calle, y para ti ese cartón se convertía en una alfombra voladora.   
Y te reías… y les decías que la vida es un suspiro, que es mejor no tener planes, todo lo más un sueño irrealizable para mantener a la esperanza entretenida. 

Porque se puede vivir sin dinero y hasta sin amor, pero no sin esperanza.   
   
Y la vida seguía pasando y tú eras feliz sin pretensiones, pero sin rendirte, con tu osadía asilvestrada, con tu manera brusca de apartar de ti lo malos momentos, sin treguas ni duelos. 
 Ahora te propones ser feliz y, de repente, te sientes atrapada en una rueda de hámster. Los días se suceden unos iguales a otros sin chispa. 

En tú cabeza ya no hay itinerarios mágicos, y eso te hace infeliz,  te has quedado en blanco, chica. Tienes un empacho de realidad.   
   
Sal de ahí y vuela, si te pegas un porrazo seguro que volverás a tu estado habitual (Y fueron felices y comieron perdices)
Palabra de perdiz *
O quizá te vuelvas estúpida, que junto a ser egoísta y estar bien de salud es lo que necesitas para ser feliz, según  decía el escritor francés,  Gustave Flaubert, que hoy no molaría nada.
   
Sea como sea, en cuanto baje de revoluciones la rueda de hámster, salta y que ocurra lo que tenga que ocurrir, no seas cobarde. 
   
               Alguien dijo que gastamos más energías en hacer creer a los demás que somos felices que en serlo de verdad. 
  
Y tú, ¿cómo andas de felicidad?


* Salvo las perdices, el resto de fotomontajes son de mi autoría

11.11.17

Marieta, la galleta triste que soñaba con la playa

 -Lo siento, linda, le dijo Nora dándole un beso de despedida- pero las galletas no pueden ir a la playa, porque se ponen blandungas con la humedad, como dice mi yaya.
 
 Marieta, muy enfadada, fue hasta el cajón de la cocina donde se guardan los rótulos para las conservas y escribió “galleta triste” lo pegó en su bote y se encerró con dos vueltas de rosca. Antes, quitó de su vista el retrato de Nora.
El Tomate botarate, con su gracejo canario, le contó chistes de cebollinos y otras hierbas, pero Marieta lo ignoró. 
-Anda Marieta, que para triste yo, que siempre hago llorar a todo el mundo, pero una galleta es salada, tostada, amada…no se puede estar triste con esos adjetivos. Pero a Marieta ni siquiera se le empañaron los ojos e ignoró a la  amable cebolla llorona. 
Llegó el turno de los pimientos italianos, tan verdes, tan estilizados y pintureros con sus tutús de ballet que  improvisaron una deliciosa danza. Pero Marieta seguía enfadada y triste y los echó de malas maneras...
Los tenedores circenses eran unos consumados equilibristas y nadie podía verlos sin reírse  cuando el limón, pinchado al final de la torre, pedía socorro  asustado, sudando de miedo con sus gotas cítricas y olorosas.
Un día los amigos de Marieta dejaron de ir a verla, cansados de su indiferencia y mal humor. 
Y la galleta se sintió tan sola que lloró y lloró  hasta que  su encierro se transformó en una mar de lágrimas. Y no podía escapar del bote.
Estaba ya medio pachucha y desecha, cuando la gaviota reidora se posó en el alféizar de la ventana con su alegre hi, hi, hi.
Marieta le dijo con signos que no se podía abrir la tapa, pero la gaviota reidora, que era apañada y audaz, buscó una cuchara y  saltando sobre uno de los extremos hizo palanca y rompió el bote liberando a la galleta triste.

Y la gaviota se llevo a Marieta en el pico  a dar una vuelta para que se secara. Y una vez crujiente la llevó de veraneo a la  playa de Chiquilín, una playa donde las galletas no se ponen blandungas. 
 
Nora fue de incognito  y pudo verlo con sus propios ojos color de cielo.  Pensó que Marieta sería más feliz en aquella playa, que en un bote, por muchos mimos que ella le diera.

Marieta,  la galleta triste de esta historia, recuperó su sonrisa para siempre, y Chiquilín  encontró irresistible el cuerpo redondo y crujiente de su amada, tanto que a veces le daban ganas de darle un mordisquito.

Aquí los puedes ver paseando por la playa haciendo manitas y diciéndose palabras de amor sencillas y tiernas.
Y ahora, que has llegado al final de esta historia, ¿a ver cómo ahogas  a una galleta con leche y te la comes sin sentirte un poco caníbal?

1.11.17

No es el infierno, es la fibromialgia o artritis reumatoide o artrosis generalizada o quizá sólo sea fruto de mi mente, pero... mi dolor es tan alto que sigue mirando al otro mundo por encima del Ocaso

Hay un mundo de ríos quebrados en mi interior donde los sueños tropiezan con la realidad, diga lo que diga la mujer pájaro que habita en mi cabeza. Así que, allá voy.

Me encuentro a las puertas del Club para solicitar mi ingreso. Un lema sin eufemismos me da la bienvenida: “No es el infierno, es la Fibromialgia o lo que sea que te está pasando, pero con mucho dolor”


Como cualquier Club que se precie, las “pruebas” para entrar son duras y muy exigentes. No sé si voy a estar a la altura. 
Tienes que dormir poco y mal, tener el ánimo alterado, tendiendo al  desánimo.

Caminar como un pingüino a primeras horas del día y a últimas de la tarde te da muchos puntos.

Y, sobre todo, acreditar que tu cuerpo ha dejado de ser tuyo para entregarse con lujuria y frenesí a toda clase de dolores intensos y perversas sensaciones.

 Admitido Cum laude, mi cuerpo se ha quedado en el Club haciendo calceta.
 Ya sin cuerpo, dejo la cabeza en un descampado y sonrío recordando que antes me encantaba perder la cabeza…

Regreso a casa sin cuerpo, sin cabeza... Me doblo y me guardo en el armario.
La mujer pájaro trepa sobre mi esencia, se cuelga de una percha y como un loro repite: tú puedes.  Vuela, vuela, vuela…
-Lástima no tener un zapato con tacón de aguja a mano.

Dedicado con afecto y ánimo a todas/os los que ya pertenecen  a estos clubes de dolor crónico.


12.10.17

Cirugía estética para merluzas. Cuentos locos para niños grandes

La merluza, rodeada de corazones de hielo, aparenta estar fresca, que no es lo mismo que serlo. No se engaña, en cuanto pase por las manos del Chef de turno sólo será un trozo manipulado sin identidad.
Ésa no es una boca presentable para gritar que añora el Océano donde las fronteras y los horizontes sólo son efectos ópticos. Ni siquiera una boca para quedarse boquiabierta sin parecer más merluzo que merluza.
Con su nueva dentadura, prueba sin éxito a ser agresiva con sus congéneres más indefensos. Hasta intenta pasar de todo y contemplarse el ombligo, pero  cae en la cuenta que las merluzas sólo tienen ombligo cuando las digieren. Llora desconsolada.
 
Aquí tenéis otra merluza, que ANTES era una irreverente y oronda señora despreocupada, hasta que se le cerró  el estómago por un empacho de sandeces y dislates. 

Con el estómago de pitminí y la intención de verse los pies en la ducha, se ha puesto a dieta.
Ha dejado de consumir estupideces, que engordan una barbaridad. Ha descubierto que tiene intolerancia a las banderas, sobre todo a los palos de las mismas que son muy indigestos. 

Con la dieta restrictiva que se ha impuesto, ha perdido mucho kilos, algunas turgencias y también  la esperanza, que se ido detrás de sus lorzas.
Y así la vemos en su DESPUÉS...
..de no comer más los cocidos que le ofrecen como único plato disponible, con la intención de que crea  que el cocido patrio es igual de ligero y creativo que un plato de la nouvelle cuisine.

Y, a estas alturas del cuento, todos sabemos que un "cocido completo" en raciones patriotas es desproporcionado para estómagos adoloridos, selectivos y sibaritas.
Así que, hasta que pasen las "tentaciones" con las que su entorno la quiere atocinar,  se parapeta  tras  triple enrejado con libros, películas, música, cámara y PC. Sin saltarse su dieta restrictiva de modelos patrios y otras exaltaciones.

Pese a que, como la merluza de la primera  historia, no se engaña...
...espera que el ombligo que al final la digiera, como un trozo sin identidad,  esté libre de pelusa y no la castigue con algún Paraíso no solicitado.

 Este cuento acaba fatal, no fueron felices... y, para colmo, nadie comió perdices, porque todas las merluzas están en contra de los merluzos que cazan para divertirse.

"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo" (Nietzsche)

4.10.17

Gobierno de España vs Cataluña: + democracia, corazón y persuasión

Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión 
(Paul Auster)


Jamás se penetra por la fuerza en un corazón 
 (Molière)


La civilización es la victoria de la persuasión sobre la fuerza   
(Platón)

¿Hablamos? Parlem? 
Hablemos. Parlem-ne

25.9.17

Mi gata Carey es hija del Sol

Al Sol se le ocurrió viajar al Planeta Azul en plan aventurero.  Miró un listado de posibles hospedajes, y decidió  habitar a  una gata negra con la que recorrería la Tierra sin ser visto. 

Solicitó a la Luna que lo sustituyera en su ausencia, pero la Luna, voluble como es,  se cansó a mitad del encargo. 

Cuando el Sol se percató del desastre, abandonó raudo a la gata anfitriona. Y en su huida dejó en la piel de la gata negra las huellas de sus rayos luminosos.
Dice la leyenda, que todas las gatas carey descienden de la gata que tuvo por huésped al Sol. Y son hembras. Aunque cada una es única, como una huella dactilar. 
Mi idea era adoptar a una gatita de pocos meses, pero todo salió de otra manera, y llegó Pluma, sin buscarla.  

Pluma, que acababa de tener 4 gatitos, y alimentado a cuatro más abandonados. Una madraza de dos años, más o menos.
A las gatas adultas carey no las adoptan con facilidad, me dijeron en la Protectora. Imagino que la capa carey  “desordenada”, no les parece tan atractiva como otros pelajes a algunas personas. 

Pero Pluma, como podéis ver, es más que guapa. Aunque me decidí sin saber qué pinta tenía.
Pluma tiene los ojos verde pistacho, es sociable y cariñosa, aunque inquieta, y cuando quiere liberar energía se transforma en una gata alocada, que corre despavorida, se sube a las estanterías y  brinca como la niña del exorcista. 
En Japón los pescadores llevaban una gata carey en sus barcos como protección y amuleto de buena travesía y abundante pesca.

 Espero que Pluma sea feliz con nosotros, después de haber sido abandonada en una caja de cartón cuando estaba a punto de parir. 
Pluma retratada por mi nieta
 Y si encima,  nos trae buena suerte. tampoco nos vamos a quejar.

 Quizá la deje pulular por El Almacén, en recuerdo de aquel gato laminado del principio de este blog, que se largó a New York  en Navidad y se llevó también a mi niño amarillo, el muy ingrato. 
  -Corta ya, Tesa. ¡Que nos estás aburriendo!

Lo que más me gusta de los gatos es que aparentan estar domesticados y son unos redomados salvaje impertinentes.

Mi agradecimiento a la Protectora que cuidó de Pluma hasta que llegó a nosotros y ha estado pendiente de todo el proceso de adaptación y disponible para cualquier duda. No compres, adopta.